'El Tren de las 3:10', con el automático puesto


Si algo caracteriza el cine de James Mangold es su total falta de pretensiones. Esto significa que cuando te diriges a ver una de sus películas ya eres consciente de que no vas a ver una obra maestra, pero afortunadamente, también sabes de antemano que no vas a ver un bodrio infumable. Mangold es un director de cine bueno pero limitado, y por eso lo que vas a ver es una película que te ofrece lo que debe ofrecer y nada más.

Arizona. Con la esperanza de conseguir una recompensa que le permita evitar la ruina de su rancho, Dan Evans (Christian Bale) decide colaborar en el traslado del peligroso forajido Ben Wade (Russell Crowe) hasta un pueblo, donde deberán coger el tren de las 3:10 para llegar a la prisión de Yuma. Remake del film de 1957 de Delmer Daves.



La revisión del clásico del western de 1957 hecha por Mangold es sencillamente buena y entretenida a la par que innecesaria y típica. El western es un género que en mí nunca ha despertado demasiado interés y sólo considero grandes películas de este género a 'Sin Perdón' de Clint Eastwood, la trilogía del dollar filmada por Sergio Leone y algún trabajo reciente como 'El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford' de Andrew Dominik y el remake de 'Valor de Ley' de los Coen, pero en el caso que nos ocupa, el oficio de Mangold junto a la aparición de dos tipos como Christian Bale y Russell Crowe, secundados por gente como Peter Fonda y Ben Foster, conforman un buen trabajo cinematográfico sin llegar al virtuosismo.

La gran virtud de la película la encontramos en el buen hacer de su director y sus dos estrellas, que completan una interpretación más que aceptable. El duelo interpretativo se lo lleva Bale, aunque Crowe está muy bien también, con la pega de que en esta película quien se lleva el gato al agua, interpretativamente hablando, es el secundario Ben Foster, que realiza un trabajo magnífico.

Un acierto de la película es su ritmo narrativo, que intercala tiroteos constantes durante la historia para que no se haga aburrida, algo que no llega a ocurrir en ningún momento gracias, también, a sus dos protagonistas. Sin embargo, no podemos evitar quedarnos con la sensación de haber visto algo realizado de manera automática por su director y que resulta de lo más típico en el género, algo a lo que ayuda una banda sonora de lo más discreta, llevada a cabo por Marco Beltrami.

En definitiva una buena película que te mantiene entretenido pero que puede resultar anodina y repetitiva.

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