Crónicas marcianas


cartel-banner-holy-motors-343_650 Título: “Holy motors”
Producción: Arte France Cinéma, Pandora Filmproduktion, Pierre Grise Productions, WDR / Arte
Director: Leos Carax
Intérpretes: Eva Mendes, Edith Scob, Denis Lavant, Kylie Minogue
País: Francia
Año: 2011
Duración: 115’
Género: ?
Web: www.holymotorsfilm.com

En la anterior entrada de esta bitácora, aludíamos irónicamente  a la última película de Leos Carax como ejemplo de “cine críptico”. Ustedes dirán, ahora que “Holy motors” se estrena en  nuestras pantallas tras pasar por Cannes y Sitges. Se trata de uno de esos films que tienen la capacidad de fascinar e irritar a partes iguales. La presencia en el reparto de Kilye Minogue y Eva Mendes puede confundir a algunos incautos que vayan al cine sin saber que se trata de una película “de arte y ensayo”.
La película muestra la peculiar jornada laboral del Señor Óscar: viaja en una limusina que le desplaza por los rincones de París. Su interior se ha transformado en un camerino móvil en el que el protagonista se caracteriza de diferentes personajes. Denis Lavant, actor-fetiche de Carax, se encarga de prestar su cuerpo a todos ellos. Su camaleonismo y capacidad histriónica convierten la película en un vehículo para su lucimiento más grande que la limusina que transporta al enigmático personaje. Las representaciones en cada parada abarcan diversos géneros, predominantemente dramáticos. Nunca tenemos la certeza de si todos los personajes que interactúan con Óscar son conscientes de lo que hacen. Tampoco vemos un equipo de filmación.

La única referencia en los diálogos a la existencia de cámaras no aclara lo que sucede realmente. Los acontecimientos escapan a menudo de toda lógica narrativa. Un amplio sector del público y la crítica especializada se siente desconcertado. Se plantea por enésima vez el eterno dilema del cine de autor: la dificultad del espectador para acceder a lo que percibe como un mundo muy personal. La asimilación del modelo de cine impuesto por Hollywood como si fuera el único posible, provoca rechazo, cuando una película se aparta de la narración convencional sin hacer concesiones. Carax afirma: " No me importa que entiendan la película, pero sí que la vean y que les guste". Tal vez la respuesta más directa a esta cuestión la da el Señor Óscar cuando alude a sus motivos: “la belleza del acto”. 

¿Es posible disfrutar con algo que no se entiende? Parece complicado si nuestra idea de lo que debe ser una película se limita a que nos cuenten una historia de forma más o menos lineal. “Holy motors” comienza mostrando imágenes de una de las películas más antiguas, cuando el cinematógrafo era un experimento. Entonces nadie se imaginaba que aquel invento (la fotografía en movimiento) acabaría apropiándose de técnicas narrativas de la novela y el teatro. El director de esta película nos recuerda que el cine no se inventó para contar historias. La primera escena, a modo de prólogo, muestra al protagonista despertando de un sueño (¿o dentro de él?) y avanzando en pijama en una sala de cine donde, tal vez, se proyecta la película de su vida. ¿Hacen falta más explicaciones? ¿No es acaso el cine un espectáculo onírico? Se pueden decir muchas cosas a favor o en contra de una propuesta tan arriesgada, pero es innegable que Leos Carax sabe jugar con lo inesperado. Pretende sorprender y lo consigue, ahora que pensábamos que ya lo habíamos visto todo. 

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