Blanca como la nieve


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Título: Blancanieves
País: España/Francia
Productora: Arcadia Motion Pictures
Duración: 90’
Director: Pablo Berger
Intérpretes: Macarena García, Maribel Verdú, Ángela Molina,Daniel Giménez Cacho, Pere Ponce

Había una vez, en pleno invierno, una reina que se dedicaba a la costura sentada cerca de una ventana con marco de ébano negro. Los copos de nieve caían del cielo como plumones. Mirando nevar se pinchó un dedo con su aguja y tres gotas de sangre cayeron en la nieve. Como el efecto que hacía el rojo sobre la blanca nieve era tan bello, la reina se dijo:
-¡Ojalá tuviera una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera de ébano!
Poco después tuvo una niñita que era tan blanca como la nieve, tan encarnada como la sangre y cuyos cabellos eran tan negros como el ébano.
Por todo eso fue llamada Blancanieves.

El espectador que asiste a una sala de cine es un niño que no se cansa del mismo cuento, aunque lo sepa de memoria. El clásico de los hermanos Grimm ha inspirado tres recientes adaptaciones, muy diferentes entre sí, pero con el objetivo común de apartarse del modelo disneyano, arraigado en la memoria colectiva. Como todos los cuentos de hadas, Blancanieves se presta a lecturas nada inocentes: de las revisiones en clave feminista a la recuperación del mensaje esotérico. La aportación española a la blancanievesmanía es la propuesta más arriesgada. Cuando se anunció el proyecto, parecía un despropósito: una adaptación muda del cuento, trasladando el ambiente palaciego a la España de charanga y pandereta. Solo la presencia en el reparto de Maribel Verdú como la Madrastra era un gancho capaz de atraer al público. El anuncio de otras dos adaptaciones del mismo cuento made in Hollywood, limitaba aún más las posibilidades de éxito de una rareza que parecía destinada pasar desapercibida hasta que se emitiese en Versión española. Finalmente, el triunfo internacional de The Artist, demostró que el público aún puede disfrutar de una película “como las de antes”. 

Pablo Berger ha conseguido salir airoso del empeño. Su debut con el cortometraje Mamá (1988) auguraba una exitosa carrera, que él se ha tomado con mucha calma.  Ahí estaba en la dirección artística el también bilbaíno Alex de la Iglesia, que sí se convertiría en un prolífico director. Quince años tardaría Berger en dirigir un largo, Torremolinos 73. Y otros nueve en hacer su Blancanieves. ¿La espera ha merecido la pena? Si hemos de hacer caso a las críticas superlativas obtenidas tras el estreno en San Sebastián, parece que sí.

El universo multirreferencial de esta Blancanieves  es un crisol explosivo, entre Luis Buñuel y Tod  Browning. El siempre fascinante lenguaje del cine mudo se fusiona de forma natural en la sala de montaje con el estilo agresivo del videoarte, que bebe en sus fuentes. El barroquismo de la puesta en escena no se limita a buscar la belleza formal, llenando la pantalla de metáforas visuales.

El guion sigue la historia original a grandes rasgos, para apartarse cuando le conviene, como a la hora de abordar el mensaje sexista de los cuentos infantiles. Como en las narraciones épicas, la historia del héroe comienza antes de nacer. De este modo la historia que todos esperan ver, tarda en arrancar. Y es que el argumento es lo de menos. Por supuesto, la perversión de la imagen ñoña que se tiene del mito da mucho juego. Las personalidades de los enanos difícilmente tendrían cabida en el mundo Disney: el travesti que adopta el rol de maruja protectora, el gruñón convertido en un ser retorcido y, sobre todo, el inesperado antigalán enamorado de la protagonista. Macarena García es una Blancanieves torera, amnésica e inevitablemente contradictoria, que se planta con chulería delante de un toro y luego se derrumba al recordar a Pepe el Gallo (no al torero). Mención aparte para la poderosa presencia de Maribel Verdú, una mala de antología, a medio camino entre Gloria Swanson y María José Campanario.

No podemos obviar la polémica que ha empañado el estreno de esta película.
Igual que sucedió con un film de Almodóvar, Hable con ella, una plataforma antitaurina ha denunciado el presunto incumplimiento de la ley contra el maltrato animal durante el rodaje. Las redes sociales se han llenado de mensajes insultantes, cuyo contenido evidencia (como ha pasado y volverá a pasar tantas veces) que hay quien juzga lo que no ha visto. La única escena cruenta es precisamente el parto en el que nace la protagonista. Algo que, sin duda, es intencionado. Lo más parecido en toda la película a lo que algunos han denunciado, es el muslo de ave que mordisquea la Verdú por exigencias del guion. Curiosamente, se han estrenado películas que incluyen imágenes explícitas de corridas de toros (tal vez denunciables) sin que nadie se haya rasgado las vestiduras. Pero no las dirigía Almodóvar ni fueron elegidas para representar a España en los Oscars. Ni por su espíritu ni por su contenido,  el film de Berger se merece acabar convertido en un trending topic  que se ensalza o critica dependiendo de lo que uno opine sobre la tauromaquia.

Eso sí, ya tenemos polémica para la próxima gala de los Goya. 

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