FIC Xixón


cartel festival gijonEl festival de cine más joven de España cumple 50 años. Lo que empezó como un pequeño certamen dedicado a los niños, se ha convertido en un referente del cine independiente, radical, experimental, postmoderno gafapasta o como lo quieran llamar.

El FIC Gijón evoca recuerdos imborrables a los que alguna vez formamos parte del jurado juvenil. Años más tarde, no pocos cumplimos allí nuestro sueño de estrenar un corto.

En 1963, el dibujante Isaac del Rivero tuvo la idea de organizar un festival de cine infantil, algo nunca visto hasta entonces. Así nació lo que en principio se llamaba

“Certamen Internacional de Cine y TV Infantil”, que contó con el apoyo del ayuntamiento de Gijón y patrocinadores como Cajastur. La primera película proyectada fue “Las aventuras de Topo Gigio”, un film un tanto distanciado de la línea actual. A partir de 1977, y durante diez años,  sería conocido como “Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud”.  En esta primera etapa ya se vivieron algunos momentos para la historia, como la rabieta del público al ser declarado desierto el premio Asturias en 1979, el año en que concursaba “Las aventuras de Pinín y sus amigos”, que finalmente se llevó una mención especial gracias a la inefable Teresa Rabal. La forma de retratar la infancia en el cine evolucionó considerablemente con el paso de los años. En 1986 “Mi vida como un perro” ganó el premio a la mejor película, mejor director y mejor guion. De todas formas, su posterior éxito en las salas de cine le debe mucho más a Hollywood que a Gijón.

En 1988 el escritor y periodista Juan José Plans (también identificado con la otra gran cita cultural de Gijón: la Semana Negra) se hizo cargo de la dirección del festival. Tal vez ustedes recuerden su voz narrando historias terroríficas en RNE. Con la llegada de Plans, el festival cambia de rumbo y pierde definitivamente el nombre vinculado a la infancia, aunque mantiene la tendencia de programar cine para un público joven. Perdido el carácter original de festival especializado, las limitaciones presupuestarias dificultaban el intento de llegar a un público amplio. San Sebastián podía permitirse imitar el modelo de Cannes y pasear estrellas en la alfombra roja; a Gijón venían desconocidos como Javier Bardem a presentar sus primeras películas. De ahí el revuelo mediático que causó la llegada de una Jaqueline Bisset en horas bajas (estrenaba una película olvidable) en la edición de 1991.

Sería José Luis Cienfuegos el encargado de dar el impulso definitivo a un festival por el que pocos apostaban. En 1996 es nombrado director, dando un giro que trajo consigo el abandono de la época estival. A partir de entonces, la cita anual con el cine independiente en Gijón tiene lugar en noviembre. La juventud seguiría siendo la excusa para celebrar el festival, pero elaborando una programación más arriesgada, que buscaba el prestigio y la calidad. Se potenciaron las secciones paralelas, entre las que hubo un hueco para recordar los orígenes: “Enfants terribles”. La música y las artes plásticas arroparon las películas proyectadas ante un público entusiasmado al acceder a un tipo de cine difícil de ver por otros medios. El festival apoyó a los cineastas asturianos, a través de sendos concursos de proyectos de cortometrajes para nuevos realizadores y de documentales para estudiantes, y, sobre todo, mediante la sección “Día d’Asturies”. El programa se empezó a imprimir en castellano, inglés y asturiano. La repercusión alcanzada fue impensable en anteriores etapas: Gijón se convirtió en cita obligada para cinéfilos, artistas y periodistas a nivel nacional e internacional. Ganar el premio al mejor corto de la sección oficial supone ahora la preselección automática a los Óscars, como ocurrió con “7:35 de la mañana”, de Nacho Vigalondo. Aún así, algunos despistados señalaron la falta de glamour del festival. Tal vez echaban de menos la presencia de ex azafatas del “Un, dos, tres” (no me refiero a Victoria Abril) paseando palmito en el verano gijonés, aunque no tuviesen ningún proyecto que vender. El nivel alcanzado por el festival en estos años demuestra el acierto de apostar por un buen festival de cine independiente, en vez de un desfile de estrellas de serie B.

Con el éxito, también vinieron algunas polémicas. La importancia creciente del festival provocó más de un enfado entre realizadores excluidos de la programación o el palmarés. La exclusividad pedida para la sección de cortos asturianos, dejó fuera de la competición y la muestra a directores que contaban con ello. Algunos aspiraban a participar en la sección oficial con productos que estaban a años luz del rumbo tomado por el festival a mediados de los 90. El año pasado tuvo lugar la inesperada destitución de Cienfuegos, que actualmente dirige el festival de cine europeo de Sevilla (precisamente se celebra en estos momentos su IX edición). Nacho Carballo es el nuevo director del FIC Gijón: Nada más estrenarse en el cargo, tuvo que hacer frente a las protestas de quienes temían que se diese un paso atrás. Algunos realizadores negaron el voto de confianza al nuevo equipo, asegurando que no volverían a participar.

Carballo ha asegurado que el festival continuará con la línea marcada en la anterior etapa, algo que parece confirmar el programa de la edición que se celebrará del 16 al 24 de noviembre. En el 50 aniversario se mantendrán secciones como “Rellumes” (destellos), dedicada a las propuestas más arriesgadas, y se añadirá una de cine animado. Se dedicarn retrospectivas al iraní Amir Naderi y al eslovaco Juraj Jakubisko. Profesionales asturianos del cine como Gil Parrondo y Luis San Narciso recibirán merecidos homenajes. Polémicas aparte, el FIC Gijón sigue causando expectación 50 años después de su inauguración. Quién lo iba a decir…   

www.gijonfilmfestival.com

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