El Padrino


Hace cuarenta años, Paramount Pictures buscaba con desenfreno la fórmula perfecta para una gran producción sobre el hampa. Sus mandamases querían un director con raíces italoamericanas y escogieron, casi por descarte, a Francis Ford Coppola, un talento sin un gran expediente. Solo la interesante Llueve sobre mi corazón avalaba su incipiente carrera. Coppola trabajó codo con codo con Mario Puzo para adaptar con brillantez la materia prima de su novela. Juntos, trazaron la historia y a los personajes. Nino Rota creó la música. Y Marlon Brando lideró sin paliativos un reparto de actores fabulosos, en algunos casos sin consagrar: James Caan, Robert Duvall y los jovencísimos Diane Keaton y Al Pacino.



Brando ya era una estrella absoluta en Hollywood (La ley del silencio, Un tranvía llamado deseo, Julio César…), pero junto a Coppola consiguió los dos mayores éxitos de su madurez interpretativa: El Padrino (1972) y Apocalypse Now, siete años después. Su magnífica interpretación de Don Vito Corleone le valió un Oscar. La película y el guión adaptado por Coppola y Puzo también obtuvieron premio. De nuevo, Hollywood se quedaba corto con otra joya histórica que alcanzó las once nominaciones (prefirió el musical Cabaret, ganador de ocho estatuillas). Principalmente, por no galardonar la explosión de un casi desconocido Al Pacino. Pánico en Needle Park, la mejor obra de Jerry Schatzberg y una de las preferidas por el propio actor, había destapado su talento.

Sin embargo, Coppola encontró oposición en la productora para que un desconocido interpretase un papel tan complejo como el de Michael Corleone, hijo menor de Don Vito y, a la postre, personaje central de la saga. Su respuesta en la pantalla disipó cualquier duda. Michael, a diferencia de sus dos hermanos mayores, vive apartado de los negocios turbios de su familia, con el beneplácito paterno. No obstante, la sangre termina implicándole cuando intentan asesinar a su progenitor y estalla una guerra de bandas. El personaje experimenta la gran transformación desde su pacifismo convencido hacia la posible sucesión del ya decadente Don Vito. Michael aparece como la única semilla capaz de germinar de nuevo el clan de los Corleone. Sus hermanos carecen de aptitudes, mientras él sobresale como líder.

La historia rompe con todos los moldes de aquellos tiempos. Coppola y Puzo crearon un argumento épico sobre el crimen organizado, que entonces era una realidad pública; el propio Coppola ideó planos, secuencias y un montaje alternativo sobresaliente; y aderezó todo con una música inolvidable y un puñado de interpretaciones sublimes, entre las que destaca la figura del antihéroe eterno (Pacino). Para muchos, estamos ante la panacea del cine moderno. Para todos, tres horas de entretenimiento sin medias tintas. 

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