Arrebatado


Madrid, 1980. Algo se mueve en la capital de un país que estrena libertades democráticas. Se ha terminado la censura, lo que provoca una explosión de celuloide subido de tono, que terminó con la hipocresía de otro tiempo a costa de bajar el listón de la calidad. Temas hasta entonces tabú, como el sexo y la droga (que causaría estragos a lo largo de la década) se representan de forma cada vez más explícita. También surgen fenómenos contraculturales, por parte de jóvenes (y no tan jóvenes) inquietos, influidos por las vanguardias que vienen de otros países. La “movida” empezó como un movimiento espontáneo de rebeldía, que terminó en puro oportunismo oficialista al servicio del poder, lo que llevó a muchos a negar su existencia. Nunca se firmó un manifiesto, ni hubo uniformidad estética o ideológica, pero hoy no cabe duda de que entonces “pasó algo”. La música fue la expresión artística que más creció en este momento, cartel rrebato on la aparición de infinidad de grupos. La mayoría desaparecieron rápidamente, y algunos con el tiempo se convirtieron en clásicos. En el audiovisual, los formatos amateur eran el celuloide en 16 mm y el Super 8. Así dieron sus primeros pasos directores como Almodóvar, a los que nadie auguraba el éxito que tendrían. En este contexto, se estrena una película alejada de los tópicos del cine comercial y también de los clichés de la falsa modernidad. 
“Arrebato” es una obra inclasificable, por encima de modas pasajeras, incomprendida en su momento y hoy reivindicada como la película de culto por excelencia del cine español.

Su guionista y director, Iván Zulueta procedía de una rica familia donostiarra.  Era hijo del primer director del Festival de Cine de San Sebastián y de una mujer aficionada a pintar. Estas facetas de sus progenitores marcarían su trayectoria desde la infancia. El ambiente misterioso que rodeaba la vivienda  excitaba la imaginación del pequeño Iván, al que le gustaba inventar mundos fantásticos. Al inicio de la década de los 60, se traslada a Madrid (en el edifico España, que tendrá gran importancia en su obra) con la intención de estudiar cine, pero debe esperar a la mayoría de edad (entonces 21 años) para ingresar en la Escuela Oficial de Cinematografía. Tras estudiar decoración, viaja (en un barco mercante) a Nueva York, donde estudia pintura al óleo y dibujo publicitario en la Arts Students League. Esto le servirá para convertirse en un apreciado cartelista de cine, con un estilo (como todo lo que hacía) muy personal. En Estados Unidos descubre el arte pop de Warhol y lo que entonces se definía como “cine underground”. Al regresar a España, ingresa por fin en la escuela de cine, donde sus gustos chocan con los de muchos compañeros y profesores. Sin embargo, consigue conectar con José Luis Borau, su profesor de guion, que le facilitará el debut en el largometraje. “Un, dos, tres, al escondite inglés” era una surrealista copia de las películas de Richard Lester con los Beatles, surgida a partir de un programa musical de TVE, “El último grito”, mezcla de sketchs, parodias y playbacks antecesores del videoclip, realizado por Zulueta. Al no poder firmar legalmente su largo (no se graduó en la escuela, clausurada con gran polémica) los créditos de la película la presentan como “un film de Iván Zulueta dirigido por José Luis Borau”. Como ocurriría en toda la trayectoria de Zulueta, el rodaje mezcló la profesionalidad con el amateurismo entre amigos. La película era una sucesión de actuaciones de grupos de la época, que tomaba como excusa el intento de boicot de un grupo de “modernos” a los participantes en un festival inspirado en Eurovisión. No pudo estrenarse a tiempo de coincidir con la celebración del magno evento en España, y cuando lo hizo, las canciones ya no eran de actualidad. De todas formas, quedó como un atípico intento de cine pop made in Spain, que cuenta con algunos momentos desternillantes.

betty bop Durante los años siguientes, se sucedieron fallidos intentos de volver a dirigir un largo comercial, pero Iván Zulueta sentía una pasión por rodar que le llevó a capturar con su tomavistas de Super 8 lo que encontró en sus viajes por todo el mundo. Así surgieron infinidad de cortometrajes que se exhibieron en casas de amigos o de forma clandestina. Iván experimentó con diferentes formatos, texturas y plasmó sus obsesiones recurrentes. Debido a la represión de la época, gran parte de este material se perdió al ser requisado por la policía. Algunas obras alcanzaron mayor repercusión, como el cortometraje “Leo es pardo”, que tuvo una buena acogida en el festival de Berlín. Esto le anima a plantearse filmar un largo con la sugerente idea del que iba a ser su siguiente cortometraje: un extraño personaje se filma mientras duerme con su cámara doméstica de cine, que le acaba poseyendo. Augusto M. Torres produjo una película de limitado presupuesto, en la que Zulueta dio rienda suelta a su concepción del cine y de la vida. Eusebio Poncela es José Sirgado, director de cine de serie B, en plena fase de montaje de una de vampiros. Cecilia Roth es Ana Turner, actriz y conflictiva expareja, que le espera por sorpresa cuando llega a casa. Antes de que esto suceda, un personaje ha aparecido en la escena precréditos: Pedro P, nombre que evoca deliberadamente a Peter Pan. Con un aspecto a medio camino entre un vampiro y un drogadicto, el inquietante Pedro graba su voz en una cinta en la que pide a José que, si algo le sucede, vaya a buscar la última película que le envía por correo. El personaje de Pedro es interpretado por Will More, un nombre que siempre sonó a seudónimo. Sobre este actor surgieron infinidad de rumores a medida que la película iba adquiriendo un aura mítica. Hoy se sabe que Joaquín Alonso Colmenares-Navascúes García-Loygorri de los Ríos era un (no tan) joven procedente de una familia más que acomodada, que fue modelo internacional en los setenfotogramasta, mimo, bailarín con Josephine Baker (¡) y acompañó a Iván en sus escapadas a la Ibiza del hippismo. Es difícil seguir el rastro de sus intervenciones ante la cámara. Fue una presencia habitual en los cortos de Iván, y también trabajó con artistas de su círculo, como Almodóvar. Aparece acreditado como Joaquín Navascués en un episodio de “La huella del crimen”, y al parecer intervino en otros dos de “Pepe Carvalho”. Se rumoreó que había muerto, hasta que apareció en un blog afirmando que vivía en Miami. Posteriormente se confirmó que era cierto. En 2011 interviene en “Color perro que huye”, del venezolano afincado en España Andrés Duque, primer largometraje del director del corto documental “Iván Z”, dedicado al autor de “Arrebato”. Cuesta imaginarse hoy a Javier Gurruchaga en el papel, pero fue una de las opciones barajadas por Iván. La voz de More sirve de hilo conductor a los flashbacks en los que se muestra el encuentro entre los protagonistas. Sirgado recurre a su amiga Marta para rodar unas escenas en una finca de su familia. Allí conoce a Pedro, el primo “problemático” que vive distanciado de la realidad, con la que se relaciona a través de su tomavistas. Marta está preocupada por el sufrimiento de Pedro ante el decepcionante resultado de sus grabaciones. José le regala un temporizador para su cámara, artilugio descubierto por Zulueta en sus experimentos con el Super 8, que permitía jugar con la aceleración de la imagen a un ritmo fluido. Pedro y José se consideran dos lados de la personalidad del autor, que no quiso conceder más importancia al contenido autobiográfico, afirmando que también se identificaba con el personaje de Roth. Como todo lo que pasa en esta película, el título se presta a varias interpretaciones. Se puede identificar con el sexo, la droga, la cinefilia… Pedro habla de arrebatos cuando arrastra a José y Ana hacia su mundo, atrapándoles con la visión de objetos que les recuerdan a la infancia, cual magdalena de Proust. Un cómic de “Las minas del rey Salomón” y una muñeca de  trapo de Betty Boop serán las armas que dejarán a la pareja arrebatada. Sin embargo, los personajes pronto se distancian. Pedro se recluye en un piso de Madrid, relacionándose con el exterior lo imprescindible para seguir filmando con su cámara. La película alcanza sus momentos de máyor intensidad en este tramo final, que parte de la idea original. Pedro deja la cámara encendida mientras duerme. Al ver las películas, comprueba que aparecen fotogramas en rojo, que cada vez ocupan más metraje. La desaparición de su prima Marta, a la que pidió que vigilase su sueño, acerca la película cada vez más al género fantástico, aunque en ningún momento tenemos la certeza de si lo que vemos debe interpretarse como algo que sucede en la realidad. Finalmente José entra en el apartamento y allí ve la última película, en la que Pedro parece invitarle a atravesar el espejo que le llevará al país de Nunca Jamás. Finalmente José Sirgado termina vampirizado por la cámara, y es que, como él mismo dice al principio “no es a mí al que le gusta el cine,  es el cine al que le gusto yo”.

Zulueta pasó por una etapa muy dura en los años posteriores al estreno de “Arrebato”, marcada por su adicción a la heroína. Estuvo a punto de volver a dirigir, pero de nuevo los proyectos se venían abajo. Finalmente realizó dos mediometrajes para sendas series de TVE en los que siguió explorando su particular universo. Para entonces, ya había sido reivindicado por cinéfilos que consideraban “Arrebato” una obra maestra. Tal vez el listón estaba demasiado alto para volver a lo grande. Como sucede con todos los films de culto, fue descubierto por espectadores que no esperaban nada y les sorprendió. Luego se van creando unas expectativas al oír hablar de la película, que pueden provocar una decepción. La última aparición pública de Zulueta tuvo lugar en el festival de cine de Málaga del 2008, un año antes de morir. Rodeado de algunos de los intérpretes de “Arrebato”, y ataviado con un insólito pijama de ositos estampados, recogió un premio a su carrera. Se puede encontrar abundante información sobre Iván Zulueta y su cine en webs, trabajos académicos e infinidad de blogs. Para sus admiradores, la obra de Zulueta ha visto aumentar con el tiempo el poder de fascinación que se desprende de sus enigmáticas imágenes. Cine de vanguardia, independiente, maldito, de culto… como lo quieran llamar es lo de menos. 

www.ivanzulueta.com

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